Sabemos que la incertidumbre y las pérdidas pueden abrumar el espíritu, pero la Palabra de Dios nos recuerda que el amor de Cristo es un refugio inquebrantable. Hoy abrazamos para ustedes la promesa que encontramos en Romanos 8:38-39, la cual nos asegura que ninguna tribulación, ni angustia, ni peligro podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Su mano no se ha acortado y Su presencia está allí mismo, sosteniendo a cada uno de ustedes.
Nos unimos en una cadena de oración ferviente por cada familia, clamando al Altísimo por consuelo para quienes sufren, protección para los vulnerables y la provisión milagrosa para superar esta adversidad. Queremos animarles a mantener los ojos puestos en el Señor, recordando las palabras del apóstol Pablo en Filipenses 4:6-7: «No se preocupen